Imaginaos a un Dios que en su infinita sabiduria da un fusil a un un niño, de tal manera que el niño acaba matando a alguien, en su infinita justicia le dice "ahora mereces un castigo por algo que te di poder para hacer y no impedí que lo hicieras".
¡Qué Dios más justo! ¡Qué Dios más inteligente!
Él da lo necesario para la desgracia pero no es culpa Suya que ocurra la desgracia, si no del pobre niño que sin ser tan sabio y justo como su Dios ahora se convierte en culpable de algo que no pidió poder hacer.