Temo que lo que no veo ni oigo se vuelva contra mí en el momento más inesperado, que las sombras murmullen sin rostro fijo (o quizá con uno disuelto como el humo) y se abalancen sobre mí.
Todo en lo que pienso es real puesto que soy capaz de pensar en ello, pero dejar de pensar no lo hace desaparecer, tan sólo lo hace invisible ante mis ojos.
Camino por el sendero que conduce hacia lo inexplorado, aquellos territorios de dónde no hay mapas, donde no se necesita el cuerpo para sentir el tacto del verde aire, y las sensaciones son un caos perfectamente archivado en la "C".

Aquellas montañas que traen los recuerdos de la niñez olvidados, los que fueron erosionados por el tiempo, donde los lobos aullan al Sol y los Dioses caminan con forma de hombres, esterilizan la tierra y comen flores de bellos colores, azules claros, rosas palidos y amarillos refulgentes.
El día asoma siempre y nuca se termina de ir, creando una atmósfera de atardecer y amanecer al mismo tiempo tan...
Como si estuvieses en un sueño lúcido.
Pero no estas dormido, estas a metro y medio bajo tierra encerrado en madera de pino, o al menos así es como está tu cuerpo.
También puedes estar desperdigado por las montañas más bellas, contaminando el aire y desapareciendo cada vez más, o, en un tarro de porcelana encima de la chimenea barroca del salón de un conocido familiar.
El caso, es que ya no te importa porque ahora estás aquí.
El problema es que aquí no es dónde, ni cuando. No existe, pero existe, por eso es tan maravilloso.
Aquí te puedes reencontrar contigo mismo y preguntarte cara a cara: ¿Soy?
Puedes perdonarte porque ahora no te juzgaré, trasciende si lo deseas.

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